27 sept. 2016

Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia: el absurdo de la vida


                                      "La angustia es la disposición fundamental 
                                       que nos coloca ante la nada."

                                                                              Martin Heidegger

Ya completada su trilogía existencial, Roy Andersson hace entrega de una obra cargada de humor negro, absurdo, y sus ya características puestas en escena, retratando no sólo la angustia humana sino reflejando una sociedad distante, fría y parca, aún en la muerte, temas constantes en la obra del director sueco. Este director, que ha trabajado principalmente en la publicidad, en parte, debido al fracaso de su segundo largometraje, también fue el punto de partida, de un estilo que se consolidó con Canciones del segundo piso. Habitual en los festivales de Venecia y Cannes, el nacido en Gothemburg, y graduado de la Swedish Film Institute, no sólo es uno de los representantes contemporáneos del cine cien sueco, sino un director con una particular visión del mundo y de su país, que más que imitado a influenciado a otros directores y realizadores, principalmente a nivel fotográfico y narrativo.

Con seis largometrajes en su haber en casi cuatro décadas de labores y un sinnúmero de comerciales, cortometrajes y anuncios para la televisión pública, Andersson ha ido reconfigurando un estilo que pasó de una sencilla y tierna historia de amor juvenil, a la visión más pesimista y sarcástica de Suecia.



Con guión de Andersson, esta película es tal vez la reflexión más oscura y absurda sobre la sociedad sueca y el destino humano; con su característico humor el director sueco nos lleva por una serie de acciones donde la muerte y la tristeza parecen ser el eje narrativo, encarnado por dos personajes absolutamente patéticos que emulan perfectamente la metáfora de un Don Quijote y Sancho Panza en pleno siglo XXI pero que en vez de cabalgar por los senderos de España, recorren las calles suecas vendiendo artículos de humor que no parecen hacer reír a nadie; un guión repleto de diálogos triviales y en apariencia inconexos, pero que a la final, son reflejo y reflexión de cómo ve este director a las sociedades actuales. Mezclando tiempo y espacio, casi como unas memorias que se ponen en escena, Andersson muestra el origen de una sociedad enferma, de unos recuerdos que se tergiversan y que parecen estar presentes en cada unos de los personajes,   a excepción de los jóvenes - que solo quieren amar - y los más viejos - que añoran sus tiempos pasados-.

Con ritmo pausado, casi estático, nos acercamos a la "realidad" de unas microhistorias  unidas únicamente por el absurdo, o por los personajes principales y obviamente por los pensamientos y rigidez del director, que en generaliza no sólo el contexto sueco sino el mundial, de una sociedad incomunicada, errática y cada vez más ligada a la locura y el descontrol; sólo falta ver la secuencia final, que perfectamente se podría observar en los diálogos de un Don Hertzfeldt y en el humor del mismo, o la parquedad del cine de Ulrich Seidl y otros directores que retomaron el estatismo y frialdad como parte de su narrativa.



La artificiosa y plana fotografía por parte de Itsvan Borbás y Gergely Palos, el primero habitual en la cinematografía de Andersson, no sólo apunta a las características técnicas de este director sino a un estilo definido, que pasa del publicitario al pictórico, perfectamente recordando el trabajo de un Edward Hopper o un suprarrealismo, que igual no se escapa de la influencia de un Otto Dix  o de un George Scholz y obviamente de un Magritte y otras influencias para el director sueco. Un estilo tan característico, que no sólo se reconoce en sus largometrajes sino en sus comerciales, y que ha influenciado a la cinematografía nórdica tanto "comercial" como artística.

La música de Gorm Sunderberg y Hanni Jazar, es la cereza de este pastel de tristeza, ironía y patetismo, que hace contrapunteo y oposición al tono de la misma, un trabajo que más que destacar por su originalidad musical, es por el uso del mismo. Igualmente, y complementando la parte visual, la película tiene una ambientación y diseño de producción tan minimalista pero acertada en su función que le da aún más fuerza al relato y obviamente a lo visual.

Aunque es difícil escribir sobre las actuaciones, y más que todo por el tono coral de las mismas, igual cabe destacar la labor de Holger Andersson y Nils Westblom, este dúo de "perdedores"  y contradicciones sentimentales que marcan la misma dualidad de la obra.



  
Descubrí el trabajo de Andersson con Canciones de un segundo piso, y desde ese momento no le he perdido la pista, su obra llena de humor negro, tristeza y soledad, no sólo es "única" - o por lo menos pensaba eso en ese momento- sino que su influencia ha sido fundamental para el cine nórdico, igualmente sus historias, estilo y cuidados planos secuencias, marcan una propuesta inteligente que se aleja de ciertos parámetros  y va desarrollando una unidad donde confluyen tantos las características técnicas, pictóricas y demás, que hacen de este cineasta uno de los más queridos por este blog. 

Como conclusión una obra importante, la más absurda y desconcertante de la trilogía, y no por eso la menos o más efectiva, pero en definitiva la más inconexa de las tres, y un verdadero reto para el imaginario del público, sin negar que su humor y diálogos, rayan en lo obsesivo y nihilsta, que perfectamente uno parece estar viendo una obra de Don Hertzfeldt - como escribía líneas más arriba- , de Buñuel y de un surrealismo pasado por el control de calidad de la comedia más negra. Una ora absolutamente recomendable, como toda la filmografía de Andersson.

Zoom in: Ganadora en los festivales de Venecia y Cine Europeo, como diversas nominaciones y selecciones oficiales. 

Montaje Paralelo: Trilogía de la Existencia 




17 sept. 2016

Memoria Activa: Garras de Oro



Primera de las muestras de Memoria Activa que Patrimonio Fílmico, el Canal Zoom y la Uniagustiniana tienen el gusto de mostrar como parte de un ciclo de piezas restauradas digitalmente por dicha entidad (Patrimonio); películas al aire libre, con charlas de presentación por parte de expertos y de las personas de Patrimonio, y una apuesta por el cine colombiano por parte de estas entidades privadas. 



A la primera sesión tuve el gusto de ser invitado, ya que trabajo en una de esas entidades, y Garras de Oro la película seleccionada, siendo la  tercera o cuarta visualización de dicha obra, que además de todos los referentes frente al cine mudo colombiano, también se tuvo la oportunidad de escuchar a la directora de Patrimonio Fílmico Alexandra Falla, y las anécdotas entorno a ésta  y al docente e historiador Yamid Galindo, que dejó en claro sus conocimientos sobre la obra, y demás historias, reseñas y planteamientos entorno a los sucesos que encierra dicha película, que no sólo fue uno de los puntos más fuertes; igual cabe resaltar, que hubo bastante gente, que se llenó la plazoleta, y a pesar del frío inclemente de Bogotá, sigue siendo uno de los mejores planes para acercarse al cine clásico colombiano. 

Visiones de México en Colombia: Los años de Fierro

                             
                                             "La esperanza es el peor de los males,
                                         pues prolonga el tormento del hombre."
                                                                            Friedrich Nietzsche
En el sexto festival de Visiones de México en Colombia, además de las diversas actividades culturales, gastronómicas y literarias que el Centro Gabriel García Marquez lleva realizando en estos últimos años, también dispuso una muestra de cine mexicano, que no sólo se pudo visualizar en dicho centro sino que también tuvo colaboración de otros espacios, cineclubes y universidades como la Universidad Central, donde tuvimos la oportunidad de ver  el  primer documental de Santiago Esteinou, acercándonos a la historia de César Fierro, uno de los casi cuarenta mexicanos o latinos en el pabellón de la muerte en los Estados Unidos.


El documental que inicia o tiene como punto de partida el asesinato de un taxista en la ciudad de Juarez - frontera con los Estados Unidos-, se convertirá en la pesadilla que de César Roberto Fierro, quien lleva más de treinta años encerrado en el pabellón de la muerte en los Estados Unidos, condenado o no injustamente, como lo han declarado varios de sus abogados, familiares y las mismas evidencias, el documental se termina convirtiendo en la decadencia moral de un hombre, de una justicia y de la prepotencia de unas leyes, que parecen prevalecer por encima de la lógica, como sucede en el caso de este mexicano.  

Estructurado a partir de la entrevista hecha a Fierro en plena cárcel - y uno de los momentos más sentimentales y fuertes de la obra-, y divida con las entrevistas hechas a su hermano, junto a  diversas voces, como la viuda del taxista,  uno de los policías que arrestó a César - entrevista llena de contradicciones- y los defensores del mexicano, que van contrastando con los documentos, donde se demuestra la inocencia o por lo menos, la no culpabilidad de éste, y la arrogancia de una justicia como la estadounidense, que a la final se termina transformando en el punto central de la obras, pero asimilada en la figura de Fierro.


Además de la excelente fotografía de Maria Secco y Axel Pedraza, es la empatia que producen los hermanos Fierro, principalmente Cesar, porque a pesar de ser una persona férrea, acostumbrada a la desazón, cuando se acaba la entrevista, demuestra su punto de quiebre, siendo uno de los puntos más fuertes de la obra, al igual que la carta que escribe Sergio; un documental emotivo, triste por los sucesos entorno a la justicia, y ante todo un grito del mismo director por evidenciar, lo que todos conocen sobre la policía mexicana, la justicia americana y el ego de unas leyes, que parecen ser más fuertes para los latinos y los no estadounidenses.

Un trabajo muy bien elaborado desde lo visual, acertado en el tema y manejo de los personajes, y de la misma historia, confrontando las posturas y la realidad de este caso.

Zoom in: Nominado a los premios Ariel a mejor documental

Montaje Paralelo: Cárceles 


4 sept. 2016

Colombian Urban Art Film Festival: Girl Power



En esta primera muestra/festival sobre las artes gráficas urbanas en el país, no sólo tuvimos la oportunidad de observar un documental en el que las mujeres "graffiteras" son las protagonistas, sino que fue la película inaugural del festival que tuvo lugar los días 1 y 2 de septiembre en la Cinemateca Distrital, sin dejar de lado, las charlas pedagógicas y otras actividades entorno al arte urbano y demás manifestaciones.

Girl Power, primer documental de la graffitera Samy, que además es la protagonista del mismo, no sólo es un recorrido por diversas ciudades europeas y del mundo, sino por el trabajo de varias "graffiteras" que cambiaron el concepto de este arte "sólo para hombres".


El documental hecho para la televisión checa, nos muestra la evolución, los cambios y complejidades que vivió la artista "de escritura" llamada Samy, sus luchas internas, su doble vida - un trabajo administrativo en las mañanas, graffiteras en las noches y fines de semana-, sus percepciones sobre compañeras e influencias, y otros temas entorno a la legalidad e ilegalidad de ese arte tan perseguido y poco comprendido como el Graffiti.

Ahora bien, como documental, no es el trabajo más depurado en su técnica o estilo, y pierde fuerza a mitad de metraje, aún así, la protagonista del mismo y lo que sucede alrededor de las obras, le dan cierto valor al trabajo, de resto, no son demasiados los puntos a favor del mismo.

15 ago. 2016

Los 400 golpes: Los golpes de la vida


"La libertad más difícil de conservar es la de equivocarse."
                                                                                                     Morris West 

Francois Truffaut no sólo fue unos de los directores más queridos de la Nueva Ola francesa, sino uno de los directores más personales, que puso en escena sus experiencias, vida e infancia, así como un amor por el cine y la literatura, reflejados en las temáticas de sus largometrajes y en muchas de sus actividades entorno al Séptimo Arte. Con una infancia marcada por el abandono, por una rígida educación y rebeldía natural de esa etapa, Truffaut encontró en las salas de cine y en las páginas de los libros su verdadera vocación y maestros, que años más tarde citaría y homenajearía en su obra. 

Ayudado - o mejor, salvado- por Andre Bazin, a quien había conocido en su labor como cineclubista, no sólo le evitará la ida a una correccional, sino que será su iniciador en la crítica cultural y más adelante cinematográfica, en cierto modo, encontrará en el crítico francés a una figura paternal e incondicional amigo, que incluso servirá como testigo en su matrimonio con Madeleine  Morgenstern, hija de un distribuidor de cine, y que, sin lugar a dudas influyó en la realización del primer largometraje del francés.  Además de su amistad con Bazin, Truffaut también tuvo la fortuna de encontrar apoyo en Roberto Rosellini, quien lo tuvo como Asistente de Dirección; sin embargo, va a ser la revista Cahiers du Cinema, el punto de referencia para este director y sus compatriotas de la Nouvelle Vague, para  darle un giro al cine academicista y tradicional de ese momento. Aunque la prematura muerte de Truffaut, pudo truncar muchos otros proyectos, realmente su prolífica obra, tanto cinematográfica, literaria y crítica, lo han puesto en el punto más alto de la cultura francesa - o por lo menos, eso pensamos algunos-.



Escrita  y producida por Truffaut, esta película es en cierto modo, una autobiografía o recuento de las mismas experiencias del director francés; es a modo de título, los golpes de la vida y esas experiencias acumuladas.

Antoine Doinel (Jean -Pierre Léaud) es un adolescente no muy querido por sus padres, docentes y aún compañeros de clase, que harán que el joven se meta en todo tipo de problemas hasta cometer un delito menor que lo llevará a una correccional, donde encontrará el verdadero sentido de la vida, una, donde la dureza, los problemas y demás hacen parte de la experiencia. Doinel, alter-ego de Truffaut y personaje icónico  de sus obra, no sólo va a resumir muchas de las situaciones vividas por el francés sino de las mismas instancias que se vislumbraban en el París de finales de los 50, de la educación y de los progresivos cambios; sin dejar de lado, que era una crítica a su misma sociedad, y a lo que la Nueva Ola, percibía como libertad y rompimiento de esos paradigmas, no sólo en el cine sino de la cultura en general.


El nombre de Henri Decaé, no es muy conocido para quien escribe en este blog, sin embargo fue un director de fotografía fundamental para la Nueva Ola, además de su recursos en el sonido, montaje y otros talentos, que dispuso como foto-reportero en la II Guerra Mundial; asociado con el trabajo de Melville, el documental y su capacidad de manejar la luz natural, éste, como otros directores de fotografía del momento, se tomaron la calle, las fuentes naturales y artificiales e imporvisaron con lo que tenían a la mano para crear diseños lumínicos igual de funcionales e impactantes como se ven en los 400 golpes, la simplicidad de sus recursos y talento, fueron no sólo elogiados sino que dieron pie, a un estilo y forma de hacer cine. Obviamente, debemos reconocer el travelling final - icónico en la historia del cine -, la secuencia en la feria y demás elementos fotográficos, que hacen de esta obra, esencial.

La música de Jean Constantin, marca perfectamente los sentimientos y la narración de la obra, estableciendo un vínculo emocional con Doinel, y lo que sucede a su alrededor; y es otro de los puntos destacables de este largometraje, que sí bien, en su montaje o puesta en escena -entendida como decoración- no se complica demasiado, todo está perfectamente cuidado, en favor de la veracidad y el drama entorno a este joven.

  
Obviamente, la actuación de Leaud se hace fundamental en esta película, no sólo por el excelente papel sino por las acciones que le afectan, por ese tono empático que crea el director, la rebeldía de la juventud y ese estado de desazón, de desarraigo que tiene el protagonista como el propio Truffaut, que simplifica sus pensamientos, niñez e ideas en dicho personaje.

Una de esas películas esenciales para hablar de educación, de libertad, de la Nueva ola francesa, de los cambios de mentalidad, del transito de una época, en sí, del cine como un escape, como la verdadera liberación. Un clásico absoluto, que nos muestra la dureza de la vida pero también sus conmovedoras acciones, la esencia de una libertad que aunque compleja es aún posible. Desde un punto de vista histórico, ésta, junto Al final de la Escapa de Godard e Hiroshima Mon Amour de Resnais, son los pilares de la Nueva Ola, sin embargo, la película de Truffaut, es posiblemente, la que mejor refleja ese sentimiento de cambio y ese anhelo de libertad que pedía un mundo de complejidades, dramas y de una existencia angustiosa, que no sólo es la niñez sino la vida misma.

Película fundamental para la historia del cine, para el lenguaje cinematográfico y como la mayor parte del trabajo de Truffaut, un sentido homenaje al cine, a la literatura y a la vida.

Zoom in:   Nominada a los Oscar, Cannes, BAFTA, entre otras a mejor película, guión y director 
Como explican en Wikipedia, el travelling final está inspirado en uno de Rashomon de Kurosawa.
Considerada como una de las mejores películas 

Montaje Paralelo: Educación  -La piel dura (1976)